martes, 30 de septiembre de 2008

la piedra negra

El día siguiente empezó con una atmósfera bastante diferente. Era un día claro, vibrante, algo más cálido que los últimos días. En la posada, llena aquel martes de mercado, todo eran prisas. Los hospedados desayunaban rápidamente y salían del edificio con prisa hacia la plaza del mercado con intención de comprar alguno de los típicos cachivaches que sólo se vendían en aquella parte del país, pero al acercarse al mercado, se encontraban con algo diferente a lo que habían esperado. En el centro de la plaza, la multitud se concentraba alrededor de una pequeña piedra. Era negra y porosa y había caído hacía unos minutos directamente del cielo, justo en medio de la plaza. Todavía humeaba y nadie se atrevía a tocarla. La gente chismorreaba, preguntándose de dónde vendría y qué harían con ella. Elucubraban las teorías más disparatadas posibles y, aunque no fueran muy desencaminados, nadie sabría nunca de dónde había venido aquella piedra. En medio de aquel griterío apareció, corriendo y jadeando, el posadero, con la cara más roja que de costumbre. Llevaba en las manos unas pinzas de cocinar con las que, para asombro de todos los vecinos, cogió la piedra y la metió en un tarro en el que ponía “Miel” en letras grandes y rojas.
Aunque muchos le preguntaban qué hacía, él no pronunció una sola palabra. Su cara, pálida ahora, parecía hecha de piedra y sus ojos distantes, tenían un destello de fiereza que hizo que todo el mundo se apartara cuando se dirigió de vuelta a la posada con el tarro en las manos. Al poco rato y, después de murmurar algunas frases de indignación, sorpresa o temor, los vecinos retomaron sus quehaceres diarios y nadie más volvió a comentar el incidente.
De hecho, nadie volvió a recordar jamás lo sucedido.
Minutos antes, el detector de oscuridad había empezado a girar sus aspas y de las gemas habían aparecido pequeños rayos de luz de varios colores que se reflejaban en las paredes de la pequeña habitación. El vigía, acercándose discretamente a la ventana, había visto toda la escena y desde su posición privilegiada había observado todos los detalles de la escena, imperceptibles para los demás transeúntes y cuando escuchó cerrarse la puerta de la posada, cerró su propia habitación con llave.
Nadie debía interrumpirle.

miércoles, 6 de agosto de 2008

aquellas minúsculas pastillas

susojossesecaránsuslabiosperderánelcolor
sucorazónseapagará
suolorseperderá
sucieloseteñirádenegrogiraráygiraráensuoscuridad
nopodrácorrer,perosívolar
ymientrasseeleve,
nopodrárecordartodolomaloestarábien
suslágrimasseránestrellas
sola

aquellas pequeñas pastillas

En la última época los dolores de cabeza habían aumentado. Por las tardes, cuando llegaba a casa y se relajaba, olvidándose de las preocupaciones del día, de su trabajo y de sus obligaciones, se sentaba en el sofá, ligeramente mareada y poco a poco, una sensación de vértigo se apoderaba de su cabeza. Poco a poco, aquel incesante martilleo se iba haciendo más agudo. Era en ese momento cuando, en casa con las luces apagadas, las puertas y ventanas cerradas y las persianas bajadas, pensaba en que aquello no estaba bien, que no podía seguir permitiendo que le sucediera y que tenía que hacer algo para remediarlo.

Había pensado en ir al médico a que le miraran aquella, según ella, loca cabeza que le daba tantos problemas y dolores. Sin embargo, varios doctores la habían mirado y no habían visto nada extraño. Pero ella sabía que algo no funcionaba bien. La sensación de algo que se le escapaba de las manos era intensa, como aquella vez en la que su madre le había abofeteado por intentar cortarle el pelo al gato con unas tijeras de cocina o esa creían que era su intención. De pequeña siempre había tenido animales en casa pero a ese gato nunca lo había querido. Se llama Pulgas y su hermano mayor lo había recogido un día volviendo del colegio. Cuando lo trajo era feo, escuálido y con el pelo caído a trozos. Enseguida que lo vio, Violeta vomitó de asco. Sus padres también la habían reñido aquella vez por vomitar en las escaleras de la entrada. Después habían hecho venir a Dolores, la señora que siempre había servido en casa, y mientras ella limpiaba el vómito, a Violeta le habían hecho mirarlo todo desde el suelo, sin poder moverse. Los olores que se desprendían del vómito del suelo, de la falda de seda y de su propia boca se elevaban al cielo, se los imaginaba como un vapor rosa que ascendiendo y ascendiendo en algún momento llegaban a una nube, donde, por arte de magia se convertían simplemente en color y teñían de rosa esas nubes en el cielo que aquel día era más bonito que nunca y, a pesar de la desgracia que sentía, se alegraba de poder observarlo. Más tarde, cuando ya se había duchado, lavado los dientes y cambiado de ropa se fue a la cocina a buscar algo para comer. Tenía el estómago vacío y un constante run-run le recorría el cuerpo como una serpiente enfurecida a la que su presa la ha cegado en un momento de descuido y quiere desesperadamente volver a ver y recuperarla. En la cocina no había nadie. Roberta, la cocinera debía haber salido a hacer alguna compra de última hora para la cena y Federico, su sobrino, que algunas veces la ayudaba, hoy estaba trabajando en la ferretería de su tío. De vez en cuando le ayudaba en la tienda y algunas tardes, cuando aún era pronto para cenar y tenía un rato para jugar, se pasaba por la tienda a hablar con él. Le gustaba hacerlo, era de los pocos chicos de la ciudad con los que se podía hablar de cosas normales. Además era muy guapo y Violeta, mientras hablaban, se imaginaba que algún día podría robarle un beso…. Ya estaba ensoñando de nuevo…

Volviendo a la cocina se fijó que allí estaba el gato, bebiendo de un cuenco donde le habían puesto agua, tan tranquilo, como si llevara en esa casa toda la vida. Violeta seguía sintiendo arcadas cuando lo veía. El gato se acercó donde estaba ella y empezó a frotarse y a maullar. Violeta bajó la mano y dejó que se la oliera. El gato parecía estar cómodo. Cogió las tijeras de cocina y se sentó en el suelo. El gato siguió frotándose con ella y enseguida se le sentó entre las piernas. Violeta pensó que el gato estaba demasiado feo con el pelo caído así que empezó a cortarle algunos mechones de pelo. Al principio el gato se movía y hacía que cada corte fuera más difícil, pero Violeta lo calmó y se quedó quieto mientras ella lo preparaba. Tenía que luchar contra el asco que le daba ese gato. Era una lucha feroz entre el deseo de matarle y el asco que le daba. Aquella idea le vino de golpe a la cabeza. Solo quería matar al pobre gato. Pero su madre había entrado en la cocina antes que Violeta hubiera terminado de cortarle el pelo, así que todo se fue al garete.

Cuando el dolor era más punzante le venían a la cabeza recuerdos de ese estilo, como recordándole quien era y las cosas que había hecho. Se levantó para ir a buscar una de aquellas pastillas que le dejaba traspuesta un par de horas, semi inconsciente. Las tenía en su mesita de noche, tenían un efecto tan rápido que debía estar cerca de la cama si no quería caerse al suelo. Abrió el frasco y se quedó mirándolo un buen rato, estaba entero, lo había comprado el día anterior. Pensó que aquellas pequeñas pastillas eran demasiado pequeñas para venir en un frasco tan grande donde cabían tantas. Así era muy fácil cometer un accidente y dejarse llevar por la depresión, tomárselas todas y sucumbir al sueño eterno. Se llevó el frasco al baño y empezó a tomar una pastilla tras otra, mirándose en el espejo con cara de circunstancias. Pronto el dolor desaparecería, ya le estaba entrando la modorra que precedía al sueño inducido por las pastillas. Las últimas tomas fueron de varias pastillas a la vez. Antes de caerse al suelo, se las había tomado todas. El golpe en la sien con el canto de la bañera hizo que su plan resultara perfecto.

viernes, 11 de julio de 2008

el segundo invitado

Diez días habían pasado desde aquella noche en la que un infortunio había hecho cambiar el rumbo de los acontecimientos. Por supuesto, nadie era consciente todavía de este pequeño gran giro argumental.

La vida en la pequeña aldea transcurría como de costumbre. Sus martes de mercado seguían siendo ruidosos y dinámicos. Sus domingos en la iglesia, tranquilos y apacibles. Sus paseos al atardecer y sus idas y venidas a la gran ciudad seguían siendo, como desde hacía años, parte de la rutina de cada día.

Poco a poco los días se iban haciendo más cortos, pues el otoño estaba muriendo y daba paso al invierno, que aquel año se adivinaba más frío que de costumbre.
Aquel día había amanecido con negras nubes de tormenta en el horizonte. Un viento frío recorría las calles y la gente iba de un lado a otro con prisas, sin prestar demasiada atención a lo que sucedía a su alrededor. Quizás si se hubieran fijado un poco más, se habrían dado cuenta que otra extraña figura, envuelta en una capa marrón había llegado a la ciudad a mediodía. Con paso lento pero seguro, se había dirigido directamente a la antigua posada, donde había pedido alojamiento y se había instalado discretamente en la última habitación del último piso. Esa habitación, una pequeña buhardilla, tenía una ventana que daba directamente a la plaza, donde se veía la iglesia y el mercado, el centro neurálgico de la aldea.

Pausadamente había desempaquetado sus cosas. Una vieja maleta del color de la arena del desierto que contenía sus ropas, y un pequeño tubo metálico, como un carcaj de flechas, que contenía un extraño aparato que, montado, parecía un molino de viento.
Cada una de sus aspas terminaba en una pequeña bola de oro con una piedra preciosa en el centro. Era un detector de oscuridad.
El extraño se disponía a pasar unos días en aquella habitación observando lo que pasaba en las calles de la pequeña aldea.

Aquella noche, nuestro gato había estado cazando ratones a la luz de la luna llena. Mientras acechaba a una de sus presas percibió un movimiento detrás de él. Al darse la vuelta, sólo vio una sombra en el suelo que se deslizaba hacia la plaza.

martes, 8 de julio de 2008

negro veneno

Débilmente iluminada por las farolas de tenue luz, una figura se deslizaba calle abajo en dirección a la antigua posada. Iba envuelta en una capa negra y sus pasos, silenciosos, no turbaban la quietud de la noche. Se deslizaba sin apenas levantar los pies del suelo y su sombra, alargada, parecía una serpiente de color negro azabache.

La figura se detuvo dos casas antes de la posada, giró su cabeza a un lado y al otro, observando unos segundos en cada dirección y siguió caminando. Antes de llegar a la posada volvió a observar los dos lados de la calle, se acercó a la puerta y con los desnudos nudillos, antes escondidos en los bolsillos de la capa, golpeó suavemente 3 veces la puerta.

La casa estaba en silencio.

Sólo la débil luz que salía a través de la ventana del salón indicaba la presencia de alguien en su interior.

Una sonrosada y alegre cara se asomó entre las cortinas de las ventanas de la estancia iluminada y miró al recién llegado. La sonrisa que se dibujaba en su cara se desvaneció cuando sus ojos se cruzaron con los del extraño.

Rápidamente se dirigió a la puerta y la abrió, provocando el chirriar de las bisagras.

En ese momento un gato salió corriendo y maullando del callejón de enfrente de la posada.

Y es cierto que muchas veces, cuando nos despistamos y perdemos la concentración en lo que estamos haciendo, pasamos por alto muchos detalles, acciones y pensamientos que, habiendo estado atentos, hubieran cambiado el rumbo de la historia. Y éste, es uno de esos casos. De repente, el posadero, que había abierto la puerta unos segundos antes, se estremeció al ver salir esa inesperada silueta de gato del callejón. Sus ojos, apenas durante un segundo, habían pasado del desconocido a la silueta del gato, tiempo suficiente para que el desconocido clavara en el pecho del posadero una aguja.

Entonces la capa cayó a los pies del desconocido, descubriendo que el interior solamente albergaba una nube de humo negro, que a través del agujero de la aguja entró en el cuerpo del posadero.

lunes, 30 de junio de 2008

30 de junio de 2008

Buenos días,

Hoy es lunes 30 de junio de 2008, son las 13.20, las 11.20 en Dubái.

Hace por lo menos 4 meses que no escribo una efeméride y es que en el trabajo las cosas han cambiado bastante. Desde que saben que soy genial, me tienen explotado y tengo bastante trabajo. Además me cambiaron de sitio y donde estoy ahora estoy en el punto de mira de media oficina, y como todos se han dado cuenta de lo interesante que soy y de lo fascinante que es mi vida, no me quitan ojo. En fin, hoy, un poco relajado voy a escribir una de mis tan aclamadas efemérides. Hacía ya tiempo que me rondaba por la cabeza, lo echaba de menos. Y sé que vosotros también, fanes míos.

Hoy es San Marcial, nombre que viene del latín (Marcualis) que tiene un curioso significado: “guerrero que procede de Marte o nacido bajo el signo de Marte”
Maravilloso, sin duda, imaginaos que gracia nos haría que ahora empezaran a llegar guerreros procedentes de Marte. A ver, sinceramente, que vengan seres extraterrestres a la Tierra, pues me parece bien, siempre que vengan en son de paz y no nos fastidien la existencia, claro, así que guerreros… NO, no nos gustan. Pero los Marciales, sí, sobretodo éste.

De hecho hoy podemos enlazar el tema de la onomástica con el de los hechos históricos ocurridos hace algunos años y es que en un día como hoy de 1522 en la Batalla de San Marcial los francos-navarros que luchaban por la independencia del Reino de Navarra fueron derrotados. Pero esa fue la primera de 3 Batallas de San Marcial. Qué lío. Espero que en los exámenes las diferencien al hacer alguna pregunta sobre ellas, porque si no, vaya cacao… todos suspendidos…

En 1908 cayó el meteorito de Tunguska en Siberia que causó una explosión equivalente a 500 bombas atómicas. Esas son muchas bombas, así que no me extraña que algunos científicos rusos afirmaran que en verdad ese meteorito era un OVNI, cosa que siendo el día de San Marcial, recordemos “guerrero que procede de Marte”, no me extrañaría nada.

Y un día como hoy en España se aprobó la ley que modificaba el código civil permitiendo a personas del mismo sexo contraer matrimonio. Esto les vino muy bien a los Paudios que pudieron hacer realidad uno de sus sueños. Ser marido y marido y tener dos hijas felinas a las que llamar Paulina y Shakira. Maravilloso.


En 1863 nacía Henry Ford, el fundador de la compañía de automóviles Ford. Algunos años más tarde, en 1975 nacía Ralf Schumacher. Esto va de coches amigos, y aprovechando la ocasión me gustaría recordar que el 10 de Julio, en 10 días, vamos, es mi cumpleaños y un buen regalo sería un buen coche, no vale una chatarra, para más información, mi fotolog, con todos los gastos de por vida pagados, claro.
También hoy es el cumpleaños de Mike Tyson, el ex-boxeador caníbal cuyo plato favorito es la oreja de su contrincante.
Y también es el aniversario de un par de directores y actores, pero no me apetece hablar de ellos, porque entonces me lío y acabo hablando de lo que no debo.


Y el chiste de hoy va de angelitos y es realmente bueno, para quien le gusten los chistes malos, claro…

¿Por qué los ángeles se ríen tanto?
Por la gracia de Dios.

Ala, se acabó por hoy, más que nada, porque ha llegado mi hora de comer y mis tripas se están quejando sobremanera.

Que lo disfruten.

domingo, 8 de junio de 2008

la infancia es la patria de todos



Samuel, mirándose al espejo, recordaba todo lo que de pequeño había soñado y deseado que se hiciera realidad cuando fuera mayor. Se acordaba de su juguete favorito, una cometa que hacía volar en el jardín de detrás de su casa los días en los que el sol parecía que fuera a estar ahí para siempre. Se acordaba de sus padres, familiares y amigos, que tantas veces le habían acompañado en sus ires y venires.
Recordaba especialmente aquel viaje de sus sueños, el que había hecho hacía justo un año. Las calles de Ciudad Esperanza rebosaban de alegría, de colores y de gente animada. Sus playas, de cristalinas aguas y cielos violáceos al atardecer habían sido el lugar perfecto para expulsar las incertidumbres, los dolores y los infortunios de los últimos años. Sus parques y jardines, repartidos por doquier habían sido un perfecto compañero para las tardes de merienda, tardes que sirvieron para hallar un nuevo enfoque de su, hasta entonces, según creía él, carente de sentido vida.
Una de esas tardes, cuando llevaba en la ciudad más de dos semanas, había ido a comer, como cada sábado, al Café Regional. Mientras saboreaba el delicioso merengue de limón, se había acercado a su mesa un niño, de grandes ojos verdes y misteriosos y había dejado en ella un pequeño tren de madera. El niño estaba jugando y no se había dado cuenta que en esa mesa había alguien. Y Samuel, se había quedado mirando aquel tren. Le recordaba mucho a uno que tenía cuando era más o menos de la edad de aquel niño. Lo cogió y lo estuvo mirando un buen rato y cuando había querido devolvérselo al niño, éste había desaparecido.
Al salir del Café se había puesto a pasear, como siempre, sin rumbo, con la intención de cruzarse con algún jardín donde pasar la tarde. Después de un rato encontró uno, precioso y pequeño. No había estado nunca en él. Nunca lo había visto. Y estaba convencido que no era la primera vez que había pasado por esa calle. El jardín no era muy grande, pero aún así parecía enorme. Era como si permaneciera ajeno a todo lo que le rodeaba. Era una plaza circular, con arbolitos alrededor y en el centro una fuente con una estatua de Chronos, dios griego del tiempo. Había dos mirlos blancos bebiendo agua. Aquella fuente tenía algo mágico, algo cautivador. Chronos estaba representado como un ángel de enormes alas, con barba y cabellos largos y rizados sentado en el borde de la fuente, como esperando el pasar de los tiempos. No se oía ningún ruido y Samuel se sentó en un banco frente a la estatua. Observó cada detalle de su barba, de sus rizos, de sus alas… Se acordaba que la había estado mirando bastante rato, hasta que algo llamó su atención. Alguien se había acercado sin hacer ruido y se había sentado a su lado.
-¿Quién eres? – le dijo, mirando al niño de grandes ojos verdes y misteriosos que había visto en el Café.
-¿No te acuerdas de mí?- contestó con una voz familiar.
-Claro que me acuerdo. Te has olvidado el tren en el Café Regional. – dijo, sacándose el trenecito del bolsillo.
-Te has olvidado de cuando soñabas con volar, mientras jugabas con tu cometa. Te has olvidado de cuando soñabas que viajabas en este tren y mirabas los paisajes a través de sus ventanas. Te has olvidado de mí.
Samuel se había sentido mareado, la cabeza le daba vueltas y no podía creer que ese niño pudiera estar realmente hablando de su infancia. Los recuerdos eran confusos, borrosos, creía recordar esos detalles, pero no estaba seguro. Ese niño, tan parecido a él mismo le había hecho pensar que podría ser él mismo. Con un susurro, como si estuviera muy lejos, y no a su lado, había escuchado la vocecita de aquel niño que le había dicho:
-Cuando me recuerdes, volveré a ti.


Se había despertado tiritando de frío, tumbado en el banco del jardín de Chronos. Había estado soñando. O tal vez no.

De camino al hotel pensó en muchas cosas. Estaba contento de cómo sucedía su vida, por supuesto, pero había dejado muchas cosas abandonadas durante el camino. Sueños en los que, de pequeño, había creído ciegamente.
Al llegar al hotel había llamado al servicio de habitaciones, pero nadie contestó. Tenía hambre y quería algo para cenar. Decidió cenar fuera, en el puerto, quizás, contemplando los barcos que salían a pescar al atardecer con sus diminutas lámparas.
Al salir del hotel vio una flecha pintada con tiza en la acera. Al mirar en esa dirección observó otra flecha pintada en la pared indicando doblar la esquina. Decidió seguir esa dirección y en el siguiente cruce de calles, había encontrado otra flecha señalando otra dirección. Dudó si seguirla o no, pero al final decidió hacerlo. Las flechas le habían hecho cruzar toda la ciudad hasta el límite oeste, el que daba a la playa.
A aquella hora, ya estaba anocheciendo y el sol se ocultaba tras la línea del mar, tiñéndolo de rojo. Era como si estuviera en llamas. Hacía tiempo que no había visto nada igual, tan hermoso y sobrecogedor, casi se le cortaba la respiración y de repente, la luz empezó a cambiar y a colorearlo todo de lila. Un destello apareció por encima del mar y unas escaleras hechas de estrellas y nubes empezaron a formarse delante de Samuel.
Las había subido hasta arriba del todo, maravillado de todo lo que veía.
Puntos de luz, como luciérnagas, se desplazaban de un lado al otro emitiendo brillos de colores olvidados hace mucho tiempo por las personas. Pequeñas nubes juguetonas del tamaño de una canica se enredaban en sus rizos y le parecía oírlas reír en sus orejas. Todo se había convertido en una espiral de luces, colores y sonidos que había empezado a marearle, pero se sentía tan seguro, tan a gusto que no quería que aquello terminara. Por supuesto, tenía que terminar y cuando recuperó la noción del tiempo y el espacio se encontró en la habitación donde tanto tiempo había pasado cuando era pequeño.
El niño del Café estaba jugando con su tren y le dijo a Samuel que jugara con él. Estuvo mucho rato jugando con el niño. Jugaron con el tren, se imaginaron grandes viajes a través de todos los países conocidos y otros que se inventaron. Jugaron con los muñecos que su madre le había traído de un viaje que había hecho a la China, aquel país que él se había imaginado lleno de colores y olores nuevos. Incluso jugaron con aquel caballo al que su perro le había arrancado las patas y que ahora volvía a estar entero. Salieron al jardín y jugaron con la cometa. La hicieron volar y se imaginaron volando como pájaros. Samuel había vuelto a ser un niño. Disfrutaba con cada juego como si fuera la primera vez que jugaba y estuviera descubriendo un mundo nuevo, de risas, colores y magia.
Y cuando se cansaron de jugar hicieron planes de todo lo que querían hacer cuando fueran mayores. Hablaron de sus viajes, de los sitios que iban a visitar y las personas que iban a conocer, de todo lo que iban a comer, de los colores que verían, de los olores que olerían… Dejaron volar su imaginación hasta que no pudieron más y se quedaron dormidos.
Cuando despertaron se prometieron que nunca más se olvidarían de las cosas que habían soñado y que siempre estarían juntos.
Los niños se despidieron y Samuel volvió a bajar por las escaleras de luces y colores, estrellas y nubes. Volvía a ser adulto.
Aquella noche había decidido terminar el viaje y volver a casa y empezar a construir la vida que quería.
A partir del día siguiente, había empezado a cambiar algunas cosas. Había dejado el trabajo, que tantas horas le había robado durante los últimos años. Había cambiado la relación con sus seres queridos y había descubierto que muchos ya no eran tan queridos, y que no le aportaban nada a su vida. Había empezado a viajar con más frecuencia, visitando todos esos sitios con los que había soñado, descubriendo todas las cosas que sólo había imaginado. Había conocido a gente nueva, gente que le había enseñado cosas nuevas. Gente con la que compartía algo más que falsas ilusiones.

Echaba la vista atrás y su vida había cambiado tanto... Era un adulto con el espíritu de un niño. Había encontrado una nueva forma de vida, un camino a seguir. El camino de los adultos que siguen teniendo la ilusión de los niños.
Sólo había hecho falta una noche, una sola noche, para cambiar su forma de ver la vida, para recuperar aquella forma de ver la vida que tenía cuando era pequeño.
Había encontrado el camino y sabía que nunca más lo iba a perder de vista, porque ahora sabía quién era, qué quería y cómo lo quería.
Frente al espejo recordaba todas esas cosas mientras nubecillas del tamaño de una canica se enredaban en sus rizos.
Y sonreía.
Sonreía porque era más feliz de lo que jamás había sido.
Sonreía porque había estado atrapado en el mundo de los adultos.
Sonreía porque había sabido escapar de esa trampa.
Sonreía porque se había reencontrado con el niño que había sido.
Sonreía porque sabía que la infancia es la patria de todos.
Sonreía porque ahora era feliz.



(ya lo sabes, este cuento es para ti)

lunes, 2 de junio de 2008

dorado y rojo



Me desperté soñando.
La casa había empezado a temblar, el aire se llenaba de gritos por momentos y en las paredes empezaron a aparecer enormes grietas que recorrían toda la altura de los gruesos muros de la casa. De las grietas había empezado a salir lo que parecía una enorme masa gris. La cercanía de una de las grietas encima de mi cabeza, me permitió ver qué era esa masa. Eran cientos de cucarachas. De color gris. Los bichos habían empezado a invadir la habitación y cubrían todos los rincones. Se habían empezado a amontonar, moviéndose nerviosas, intranquilas, mientras el techo se movía de manera que parecía que, en cualquier momento, fuera a desplomarse. El nivel de las cucarachas había empezado a subir y subir cada vez más. Cómo un océano. Habían llegado a la altura de la cama y de repente mi cuerpo se vio elevado unos centímetros por encima de la cama, como flotando, como volando. Nadaba entre ellas. Volaba en ellas. Era una sensación extraña, pero no era para nada desagradable.
De hecho, me sentía seguro.
Poco a poco, las cucarachas me fueron deslizando fuera de la cama, por la habitación, como si llevaran un rumbo fijo, una dirección.
Me llevaban, pasando por todas y cada una de las habitaciones de la casa. Al pasar por ellas, las cucarachas, como si cada una de ellas fuera un diminuto aspirador de colores como el del sueño anterior, iban aspirando y adoptando el color de todas las cosas que tocaban a su paso.
El destino era la cocina. Lo vi claro. Tenía que ser así.
De repente, me encontré dando vueltas sobre mí mismo, mientras notaba como la altura a la que me encontraba era cada vez menor. Suavemente, fui posado en el suelo.
Las cucarachas habían desaparecido, dejando tras de sí, una casa gris, sin colores, muerta.
Y estaba en frente del armario de la cocina. O mejor dicho, y una vez más, donde debería haber estado el armario de la cocina. Delante de mí, la puerta negra, abierta de par en par y una luz rosada saliendo de ella en espiral se fue acercando, rodeando mi cara, envolviendo mi cuerpo en un manto de tranquilidad, serenidad y paz.
Entonces mi cuerpo empezó a estremecerse, a temblar, a convulsionarse. De mis manos, de mis pies, de mi pecho, de mi cabello, de todo mi cuerpo salía un millar de hilos de luz de todos los colores posibles que se posaban delicadamente en cada uno de los objetos de la casa llenándola de nuevo de color. De mi color.
De repente, me desperté.
Las manos llenas de astillas clavadas y sangre manando de ellas por doquier.
El armario de la cocina, destrozado en el suelo, roto, despedazado, arrancado de la pared con las manos vacías, lleno de sangre…
Y yo, delante de la puertecita de hierro.
Abierta.
Una sonrisa dibujada en mi cara.
Una risa cortando el aire.
Un petirrojo cantando al alba.
Un huevo en mi mano.
Dorado y rojo.
Abierto, pero no roto.
Abierto, pero entero.
Abierto, pero vivo.

martes, 27 de mayo de 2008

aspirando los colores de todos tus cuadros

Tú y yo hemos roto hace poco. Después de un tiempo sin vernos voy a tu fiesta de cumpleaños. En tu casa, pero no tu casa, sino una mucho más grande, rollo mansión, llena de cuadros, con escaleras y varios niveles y rincones. Durante la fiesta, en la que yo estoy incómodo a tu lado, volvemos a liarnos. Yo, confío en que es una reconciliación y que volvemos a estar juntos, pero me dejas claro que no. Tenemos una discusión y me voy, pero tú no me dejas, empiezas a perseguirme por la casa, gritando, discutiendo… me paro, nos gritamos, me alteras, me hundo, me rabias, me desespero. Te pegó un bofetón, delante de todos tus amigos, que son tus amigos y mis amigos, pero no reconozco como míos, sino como tuyos. Después de la bofetada sé que ya no hay nada que hacer. Se me cae el mundo. Lloro. Te pierdo, para siempre. No lo asimilo. Todos tus amigos se giran conmigo, me dicen que me vaya, que no tiene sentido seguir ahí después de lo que he hecho. Me recorro la casa con una aspiradora, aspirando los colores de todos tus cuadros. Salgo y, entre la cantidad de gente en la calle, aparece un actor de una compañía de teatro que se acerca preguntándome si puede colgar un cartel. Le digo que sí, lo cojo pero no lo cuelgo, me lo llevo. Le arranco el trozo de celo que se supone que tenía que engancharlo y tiro el cartel al suelo hecho una bola.
Me meto en el metro. Cojo la primera línea que encuentro, sin saber que esa no es la dirección que debo tomar. Me pierdo, aparezco en una estación extraña. Línea amarilla. Diferentes direcciones. Líneas individuales, rollo taxi-metro. Encuentro mi destino y subo al vagón justo a tiempo.
Cuando el bus arranca (ya no es metro) me doy cuenta que está lleno de enfermos mentales con ojos llorosos por enfermedades que tienen en ellos. Intento llegar a la zona del conductor que veo vacía. En la puerta de salida del medio del bus, me encuentro con Roc, el marido de un amigo de mi hermana. Con tu cara. Con ojeras. Hablamos, me dice que está bien, pero no le creo. Tiene que bajar y la multitud me arrastra afuera del autobús, consigo volver a subir y llegar a la zona del conductor, me pongo en las escaleras a un nivel un poco inferior, rollo autocar y el tío que está en el primer asiento, me pone las piernas en los hombros. Rabio, me indigno, me resigno. El chico recibe una alerta al móvil diciendo que está por llegar a su casa.
Plano de la ciudad donde se ven pantallas y ventanas gigantes con niños que descubren que el sistema de alertas no funciona bien por culpa de telefónica. Son sus hijos y no los trabajadores los que han descubierto que no va bien.
De vuelta al bus, bajo y llego a mi casa. Allí me escondo, estoy con Cesc, Silvia-WaterShine, Eva e Inma del curso. Estamos en el baño, estoy limpiando las humedades del techo con agua mientras Inma me pregunta si me veo reflejado en ellas, como insinuando que son culpa mía, que las provoco yo.
Salgo de casa con Eva y me lleva a dar una vuelta, llegamos a un túnel de tren. Sin vías, pero con carriles para coches. Es inmenso de ancho, en su salida se ven árboles, oscuros, sombríos, gigantes, terroríficos. Luz roja entre ellos. Parece un infierno. Eva me dice que siempre le ha dado mucho mal rollo ese túnel, le digo que investiguemos. Ponemos unas estructuras cuadradas, planas, de metal, como rejas en uno de los carriles, para que nos avisen si viene el tren. Y nos metemos dentro del túnel. Entonces empiezan a entrar coches antiguos, esquivando las estructuras. Eva sale para ponerse fuera del túnel y avisar a los coches de no pasar por ahí. Entonces uno de los árboles gigantes, me agarra, me eleva en el aire. Intento gritar, intento llamar a Eva, intento silbarla… no consigo nada. Ansiedad, terror, ahogo, pavor. No puedo hacer nada. No puedo respirar. Entonces veo que Eva viene con amigos. Me noto salvado.

Entonces me he despertado con la boca abierta, sin poder respirar ni gritar. Ahogado. Todo en un segundo. De repente, vuelvo a respirar después de un grito ahogado. Corazón a mil, miedo, unos ojos me miran. Salgo de la habitación, busco algo en lo que y con lo que escribir. Encuentro una libreta y un boli (te he arrancado 2 hojas) me voy al lavabo y allí escribo todo lo que recuerdo. Casi lloro.

Te necesito. Vuelvo a la cama. Intento abrazarte. No puedo. No porque no quiera sino por no molestar. Ojalá hubieras estado despierto para tranquilizarme. Pero tu respiración y el saber que estabas ahí han hecho el mismo efecto.

miércoles, 14 de mayo de 2008

el viaje


Hace muchos días que no actualizo con nada.

Hace ya tiempo que en el trabajo no tengo tiempo de escribir ninguna de mis tan aclamadas efemérides y en los últimos días no he estado en casa.

Siento que os voy a defraudar cuando leáis lo que voy a escribir y me gustaría poder disculparme por ello, pero no es lo que siento. Quizás el final de la historia de la puerta negra no sea el que os esperabais o quizás os parezca soso o falto de contenido. Pero ha sido así. Después de esta entrada no volveré a hablar de la puerta negra, esa puertecita de hierro que encontré en mi cocina, ni de su contenido, al menos por el momento.

Y es que el otro día me decidí a abrirla. Hablando con Francisco, él me dijo que un ave típica de la temporada invernal, indicio claro de que algo raro estaba pasando, un petirrojo, había aparecido en su casa y sin comerlo ni beberlo, como quien no quiere la cosa, le dijo que, por favor, le diera la llave que abría la puerta que había en mi cocina. Desconozco como pudo saber Francisco de qué llave le estaba hablando el petirrojo ni cómo pudo llegar a sus manos. También desconozco cómo fue el petirrojo capaz de llegar desde casa de Francisco a la mía, teniendo en cuenta los miles de kilómetros que nos separan. Desde hace un tiempo vivimos en ciudades distintas y ambos hemos pasado por innumerables mudanzas… y por supuesto desconozco cómo un pequeño pájaro fue capaz de meter la llave en el cajón de la cubertería.

Pero todo esto pasó antes de abrir la puerta. Cuando volví a hablar con él después de los acontecimientos relacionados con la apertura de la puerta me confesó que no recordaba nada del episodio con el petirrojo. Mientras yo se lo contaba, él no daba crédito, tuve que enseñarle el comentario que él mismo había dejado en detrásdelacortina, dijo que era imposible, que no se acordaba y que él no podía haber dejado ese comentario. Supongo que cuando lea esta entrada, entenderá muchas cosas.

Para empezar debo decir que la puertecita está cerrada y permanecerá así durante un tiempo, no sé por cuánto tiempo, no puedo saberlo, no es un conocimiento que se haya puesto a mi alcance, no como otros.

Pero vamos a lo que nos acontece…

Hace aproximadamente 3 semanas me decidí a abrir la puerta. En ese momento yo todavía no conocía el episodio de Francisco y el petirrojo… la verdad es que me aterraba lo que podía pasar en el momento en que abriera la puerta, tenía una sensación extraña, de peligro, un sentimiento que me instaba a no hacerlo, a dejar pasar el tiempo, a esperar… pero en cambio otro sentimiento había aflorado en mí desde el momento en que descubrí que el armario de la cocina hacía un ruido diferente al golpear en un trozo concreto… un sentimiento de curiosidad, de ganas de descubrir, un sentimiento que me llevaba a querer comprobar qué era lo que había detrás de ese armario. Al descubrir la puerta, ese sentimiento creció, cambió. Abrir esa puerta se convirtió en una necesidad, en un anhelo, aún sintiendo ese otro sentimiento de peligro en mi interior. Uno de los dos tenía que ser más fuerte que el otro. Al final, el miedo resultó vencido.

Así que una noche cogí la llave, la tuve 3 horas en mi mano, los ojos yendo y viniendo de la puerta a la llave, de la llave a la puerta, de la puerta a la llave… cada minuto parecía más largo que el anterior, cada segundo, acompasado con los latidos de mi propio corazón, sonaba más fuerte que las campanadas que anunciaban el paso de las horas, tan lentamente, tan ceremoniosamente….

Pero al fin, llegó el momento, tenía que llegar, formaba parte de mi destino, como luego descubrí. Me armé de valor, metí la llave en la cerradura y le di una vuelta, tiré del pequeño pomo, pero la puerta no se abrió. Le di otra vuelta, volví a tirar del pomo, pero la puerta seguía cerrada. La idea de rendirme no se me pasó ni un momento por la cabeza, así que le di otra vuelta. Una tercera. Esta vez sonó un clic.

Se había abierto la puerta.

Tiré del pomo hacia mí. La puerta se abrió unos milímetros. Pero en ese momento el frío se apoderó de la cocina. Me quemé los dedos con los que sujetaba el pomo. Lo solté rápidamente. Me quemé del frío.

Un viento helado salía de detrás de la puertecita. Dudé. Me asusté, pero no me dejé acobardar, así que seguí adelante en mi empeño de abrir la puerta. Me puse los guantes con los que arreglo los rosales, y volví a tirar de la puerta un poquito más. Esta vez se abrió del todo.

La cocina se heló, literalmente. El frío mordía la piel.

Salí de la cocina y rápidamente fui a poner la calefacción. Gracias al buen tiempo que estaba haciendo esos días, hacía tiempo ya que había apagado la caldera, pero no me costó mucho volver a encenderla. Cuando volví a la cocina vi que un par de botellas de agua habían explotado al convertirse en hielo. Estaba alucinado. No podía creer lo que estaba pasando. Todo ese frío salía de una puertecita minúscula. Era increíble.

Salí de ahí y cuando la calefacción empezó a notarse en la casa volví a entrar en la cocina. Aunque todavía hacía bastante frío, la temperatura había subido unos cuantos grados.

De la puerta salían ráfagas de viento helado y no podía uno ni acercarse a mirar. Ni siquiera podía tocar la puerta, era incapaz de acercarme a más de 2 metros de ella. Como no podía hacer nada decidí esperar y ver qué pasaba. De repente el viento paró. Estuve escuchando por si algún sonido me indicaba que todavía era pronto para acercarme. No oí nada así que me acerqué a la puerta. Miré dentro y lo que vi me dejó más helado de lo que estaba.

Ahí dentro había un pequeño túnel y al fondo de él un objeto de forma ovalada que brillaba con tonos rojos y dorados. La luz que emitía se reflejaba por las paredes del túnel.

Metí el brazo para alcanzarlo. El interior del túnel todavía estaba frío, apenas llegaba al objeto, pero mis dedos lo rozaban. Sorprendentemente, su superficie era cálida y suave. Con un pequeño esfuerzo más, lo agarré y lo saqué del túnel. Era un huevo, o al menos tenía la forma de huevo.

De repente, todo volvió a su temperatura normal. El huevo era fascinante, no podía dejar de mirarlo, dorado y rojo, del tamaño de un puño, emitía luz de todos los colores y de repente, empezó a palpitar, rápidamente, como si notara que ya no estaba en su fría guarida. Sentía mi mano, igual que yo sentía su movimiento.

Fui al comedor, puse un cojín del sofá encima de la mesa, coloqué en él el huevo con mucho cuidado para que no se cayera y me senté delante. Estuve horas mirándolo, sin poder apartar la vista de ese fascinante objeto y cuando creía que ya no iba a pasar nada un chillido agudo y estridente resonó por todo el comedor. Me llevé las manos a las orejas para amortiguar ese horrendo grito y me di cuenta que el huevo se había resquebrajado. De él salía un humo negro que llenaba toda la habitación. El olor que producía ese humo era inaguantable. Ya casi no podía ver nada y el chillido no cesaba. Intenté levantarme pero tenía las piernas enganchadas al suelo y los ojos clavados en la abertura del huevo. Tampoco podía mover los brazos. Supongo que acabé desmayándome.

No sé cómo definir lo que pasó a continuación. Fue un cúmulo de cosas, de sensaciones, de sentimientos, de imágenes, de sonidos, de recuerdos. Fue una especie de viaje por el tiempo, al pasado, al futuro, al presente. Fue un viaje por la Tierra, por otros planetas. Fue un viaje hacia dentro, hacia fuera… estaba en un sitio y al segundo siguiente estaba en otro. Había voces que me hablaban, me decían lo que tenía que hacer, lo que quería saber, lo que no quería saber, donde tenía que ir, me preguntaban, me aconsejaban… hablaban en diferentes lenguas, lenguas que desconozco pero que entendía como si fueran mi lengua materna. Caía, manos que me recogían y me volvían a lanzar al aire y de repente… nada.

El silencio.

Abrí los ojos.

Estaba en un lugar lleno de humo blanco, un humo cálido, no dañaba a los ojos, pero no me dejaba ver más allá de dos palmos. Empecé a caminar lento, pero decidido y poco a poco, con cada paso que iba dando, el humo se iba extinguiendo. Descubrí que estaba en una sala enorme con grandes vidrieras de color dorado que, a medida que desaparecía el humo, iban llenando el espacio de luz dorada.

Encontré una silla y cuando la toqué una voz me dijo que me sentara. Me senté, eso fue lo que hice.

Enseguida noté unos pasos detrás de mí y cuando me giré para mirar no vi a nadie. Al volverme a girar encontré una persona sentada enfrente de mí en una silla igual que la mía que antes no estaba ahí. Esa persona iba vestida con una túnica blanca con una capucha que no me dejaba ver su cara. Apareció una mesa. En el centro, el huevo, completamente abierto.

Me dijo que no tuviera miedo y no lo tuve. Me dijo que tenía que escucharle y le escuché.

Su voz era de hombre y mujer a la vez, sonaba como si muchas voces estuvieran hablando a la vez. Su tono era cálido, y su ritmo calmado.

Después me felicitó por haber abierto la puerta, me dijo que otros como yo lo habían intentado pero que algunos no lo habían conseguido. Otros habían tardado mucho más tiempo que yo. A veces hacía falta mucha fuerza para conseguirlo. Los que lo habían conseguido también habían estado ahí.

Miré el huevo y me dijo que no me preocupara por él. Que estaría bien.

Me preguntó qué había escuchado durante el viaje que había hecho antes de llegar a esa sala.

Le conté todo lo que había escuchado, lo que me habían dicho, lo que había visto y lo que había recordado.

-¿Lo has entendido todo? –Me preguntó después.

-Sí –Le contesté.

-Entonces sabrás que la puerta…

-…debe permanecer cerrada por el momento. –dije terminando su frase.

-Así pues, es hora de que vuelvas. Podrás explicar lo que ha sucedido tú mismo. Nadie recordará nada. Todo será como antes. Como si no hubiera pasado el tiempo. Podrás explicar todo lo que quieras, tienes derecho, todo excepto lo que se te ha revelado en el viaje. Has hecho bien.


Cuando desperté, estaba en la silla del comedor de casa. Habían pasado dos semanas. El huevo había desaparecido y en la cocina, el armario volvía a estar en su lugar, donde debía estar, tapando la puerta que cerraba el túnel que escondía el huevo rojo y dorado. En mi cuello, colgada de una cadena de oro, la llave de la puerta. El ojo, que recordareis era una piedra de ámbar, estaba cerrado. Como la puerta. Por el momento.

lunes, 21 de abril de 2008

la llave dorada

Llevo dos días con el armario de la cocina en el suelo. Sigue ahí, igual que la puertecita. Durante el sábado estuve intentando abrirla, pero, a pesar de los signos de envejecimiento y el óxido no conseguí más que romper un par de cuchillos y un destornillador. Como por la noche tenía la fiesta de los Elfos y tenía que preparar un montón de cosas, a media tarde me di por vencido y dejé de pensar en la puerta. Me tuvo obsesionado el resto del día. Mientras compraba los regalos, pensaba en ella, por la noche, durante la cena y fiesta de los Elfos no me la podía quitar de la cabeza…

Ayer, domingo, día de descanso, me levanté tarde. Hacía un día espectacular, así que cogí mi desayuno y me senté a la sombra del Árbol de las Mil Naranjas, que justamente en esta época está lleno de flores que desprenden su maravillosa fragancia por todo el vecindario.

Al rato me encontré divagando de nuevo sobre la puertecita de detrás del armario… Como no había manera de dejar de pensar en ella me tumbé al sol, a ver si me inspiraba y su calor me ayudaba a encontrar una forma de abrirla…

Allí me pasé todo el mediodía dándole vueltas… Cuando la sensación de hambre pudo más que mi curiosidad me levanté y me fui a la cocina a prepararme la comida.

Y cuando fui a coger los cubiertos del cajón de los cubiertos del comedor… sorpresa! Me encontré entre las cucharas una pequeña llave dorada. Uno de los extremos era plano y formaba un curioso dibujo de líneas entrelazadas formando lo que parecía un ojo. En el centro del ojo, una piedra de ámbar. El otro extremo, como ya os podéis imaginar, tenía forma de huevo.

Evidentemente, esa era la llave de la puertecita de la cocina. Pero… os puedo asegurar que esa llave no había estado ahí antes. Cómo habría llegado allí o si alguien la había puesto durante mi ausencia la noche anterior cuando fui a la fiesta de los Elfos son cosas que no soy capaz de explicar.

En el momento en el que me di cuenta de que podía abrir la puertecita, un escalofrío me recorrió la espina dorsal… Todavía no he abierto la puerta.

sábado, 19 de abril de 2008

la puerta negra


Ayer estaba haciendo limpieza en casa, me puse a ordenar los armarios de la cocina y empecé a sacarlo todo y dejarlo en la encimera. Ollas, sartenes, cajas de metal vacías, latas de conservas, harina, pan rallado, pasta, moldes para pasteles, comida y cacharros varios.
Estuve limpiando a conciencia el interior de los armarios, quitando los trocitos de chocolate, el polvo de harina y los plásticos y papelitos que a saber como habían llegado ahí. Cuando terminé, devolví las cosas al armario y al ir a meter uno de los moldes de cristal para hacer pasteles (mi favorito, por cierto) le di un golpe demasiado fuerte contra la pared del armario. Por suerte no se rompió, pero hizo un ruido bastante extraño. Empecé a dar golpecitos por todo el armario y pude confirmar que en ese trocito donde había golpeado el molde, la pared sonaba diferente. Era un sonido duro, frío, seco… Pensé en desmontar la pared del armario, pero, la verdad, me dio mucho palo solamente de pensar que tendría que volver a montarlo. Así que lo dejé como estaba. Quizás solo era una baldosa rota…
Esta mañana, al despertarme, he notado una ligera molestia en los brazos, pero no le he dado importancia. Luego, he ido, como cada mañana, a prepararme el desayuno…
Al entrar en la cocina, todavía medio dormido, he descubierto que el armario estaba descolgado. Al volver a notar la molestia en los brazos, los he mirado y he visto que tenía algunos arañazos. He supuesto que durante la noche me habría levantado, sonámbulo, a retirar el armario. Menuda faena…
Todavía aturdido por la confusión del momento me he preparado el desayuno y he desayunado, de pie, en la cocina, cosa que no hago nunca, bajo ningún concepto. Me gusta sentarme al lado de la ventana con las persianas subidas y las cortinas corridas, mirando como la calle, la gente, el cielo y todas las cosas se preparan para el nuevo día. Uno de los panecillos de Viena con mermelada se me ha caído al suelo, por el lado de la mermelada, como no…
Miraba el lugar donde se suponía que tenía que estar el armario. En su lugar había un trozo de pared vacía y justo en medio, una pequeña puerta de hierro. Era de un color muy oscuro, como envejecido, y con algunos signos de oxidación, como si llevara allí toda la vida. Tenía un pequeño pomo dorado con un relieve muy fino de rayas girando hacia el interior, y debajo de él, una pequeña cerradura dorada de forma ovalada.
Parecía un ojo.
De pie.

Con la taza de café en la mano no podía dejar de observar la puertecita.
¿Cuanto tiempo llevaría ahí?
¿Porque estaba ahí, escondida, detrás de un armario de la cocina?
¿Quién la habría puesto allí?
Si había una cerradura, habría una llave…
¿Qué había pasado con ella?

Y lo más importante…

¿qué había detrás?

martes, 11 de marzo de 2008

galletas y tesoros


Cuando era pequeño cogí todos mis tesoros, los metí en una caja de metal de galletas y la enterré a los pies del roble del jardín de casa de la abuela, entre sus raíces.

Mis tesoros.

Mis tesoros eran cachivaches que nadie quería y que yo había recogido y descubierto que eran maravillosos. Todos eran especiales y todos servían para algo. Y nadie, excepto yo, parecía haberse dado cuenta de para que servían.

Una vez un hombre tiró una bombilla de linterna al suelo, la cogí y me la guardé en el bolsillo.
Más tarde, por la noche, cogí la linterna que tenía debajo de la cama y le puse la bombilla. No se encendió, así que le di unos golpecitos, porque a veces mi linterna se encallaba, las pilas no hacían contacto y no daba luz. Enseguida se encendió. Pero aquella luz no era normal. La luz no salía en línea recta como una bombilla normal hubiera hecho, sino que se movía!!! Me quedé estupefacto y apagué la linterna. Tenía miedo que explotara. Nunca se sabe.
Al cabo de un rato la volví a encender pero hacía lo mismo. Así que la proyecté hacia el techo y me quedé mirando la luz que se movía de un lado a otro de la habitación. Entonces empezó a cambiar de color. Del amarillo al rojo, del rojo al azul, del azul al morado, del morado al verde...
Un montón de colores se reflejaban en las paredes, el techo y el suelo de la habitación. Decidí que aquella era una bombilla mágica. Y que tenía que tener alguna utilidad o alguna función. Llevaba la linterna siempre encima y la iba encendiendo enfocando a todas partes para ver si pasaba algo más. Pero nunca pasaba nada.
Un día, volviendo a casa de la escuela, encontré un cuaderno tirado en el suelo. Tenía las tapas de color granate con letras chinas plateadas. Lo recogí y al llegar a casa le eché un vistazo. Menuda sorpresa cuando vi que estaba lleno de historias y cuentos. Estaba escrito en letra muy pequeña y costaba mucho leerlo pero a mi me gustó que fuera así porque pensé que si la letra fuera más grande el espacio estaría desaprovechado y no habrían cabido tantos cuentos.

Empecé a leer el primero, pero entonces mamá entró en la habitación y me obligó a que saliera a jugar al jardín “porque hacía un día demasiado bonito para quedarse en casa”. Así que dejé el libro en el escritorio y me fui a jugar con “Chispita”, nuestro perro, como hacía cada vez que mamá me “obligaba a jugar fuera”.

Por la noche, mientras cenábamos, estuvimos viendo una película de dos niños que recorrían el país de punta a punta para ir a un concurso de tartas de manzana. Me pareció muy aburrida.
Así que le di un beso a papá, le dije “buenas noches” a mamá (a mamá no le gustaba que nadie excepto papá le diera un beso) y me subí a mi habitación a jugar con mis nuevos tesoros.
Como ya era de noche y se suponía que tenía que estar durmiendo, decidí leer mi cuaderno de cuentos alumbrado con la linterna. A lo mejor era un poco difícil, porque la luz no estaría quieta, pero seguro que sería divertido.
Me metí debajo de la sábana, encendí la linterna y la luz empezó a corretear por la cama. Parecía como si un montón de luciérnagas de colores estuvieran dentro de mi cama, así que al principio me dio un poco de asco, pero sabía que no había ningún bicho allí, así que dejé de pensarlo y ya no me dio asco. Cogí el cuaderno y lo enfoqué con la linterna o al menos lo intenté. Era imposible que la luz estuviera quieta en un solo punto. Parecía como si ella fuera demasiado importante para permanecer en el mismo sitio más de dos segundos seguidos.
Y entonces, al abrir el cuaderno, sucedió algo.

La luz, que en ese momento era roja y me alumbraba los pies, se quedó quieta. Parecía como si estuviera esperando algo. Y al pasar la primera página, que estaba vacía, la luz vino poco a poco hacia mí, hacia el cuaderno, como si tuviera miedo y se quedó quieta alumbrando la primera palabra de la primera página del primer cuento. Poco a poco fue cambiando de color y a medida que cambiaba de color, las letras de la página cambiaban también a ese color. Cuando todas las letras se habían vuelto rojas, azules, amarillas, negras, verdes, moradas, rosas… o de cualquier otro color, la luz de la linterna se volvió blanca...

Aquél día descubrí que tenía una bombilla mágica que cambiaba las letras de color.

Otro día encontré en el desván de la abuela un espejo. Pero no era un espejo normal porque cuando me miré no me vi reflejado. Al mirar veía lo que había detrás del espejo, como si por detrás fuera transparente y no de madera. Al principio no me pareció muy útil, pero descubrí que era un espejo para mirar a través de la madera, por lo tanto podía mirar a través de las puertas sin necesidad de abrirlas. Gracias a eso me enteré de cosas súper importantes, como dónde guardaba mamá el chocolate o qué hacían las hormigas cuando se metían debajo del suelo de madera del porche de la abuela.


También encontré un lápiz que sólo escribía cosas que fueran verdad y me fue muy bien para los exámenes del cole porque cuando algo no lo sabía el lápiz no me dejaba que me lo inventara y pusiera tonterías o si no me acordaba muy bien de alguna fecha iba escribiendo posibilidades hasta que al fin daba con ella. También descubrí que con ese lápiz podía saber si alguien me estaba diciendo la verdad, como aquella vez que Juan Belmonte me dijo que tenía 500 canicas en su casa. Pues era mentira.

Y tenía un montón de tesoros más. Y sabía que muchas de aquellas cosas eran útiles, de hecho para mí se habían vuelto imprescindibles, pero también sabía que no todo el mundo tenía tesoros como esos en sus casas y que teniéndolos tenía ventaja en muchas cosas. Me parecía injusto y por eso al cabo de mucho tiempo de utilizarlos, decidí enterrarlos. No era que no fuera a utilizarlos nunca más, algún día volvería a desenterrarlos, pero por el momento los guardaría en un lugar seguro para que nadie me los pudiera quitar.

El verano pasado estaba una tarde con la abuela en el jardín y, mirando el roble, me acordé de todos mis tesoros. ¿Cómo podía haberlos olvidado? Le conté a la abuela toda la historia. Ella era la primera y única persona a la que he contado esta historia y se quedó muy sorprendida. A los dos nos entraron unas ganas enormes de desenterrar la caja de galletas-tesoros. Aunque en su momento, se habían convertido en cosas cotidianas, ahora, después de tantos años, me parecían maravillosas.
Así que cogí una pala y empecé a excavar la tierra debajo del roble. Al cabo de poco rato la pala golpeó algo, haciendo un ruido metálico. La emoción hizo que la abuela y yo diéramos un respingo. Enseguida saqué la caja de su escondrijo. La limpié de tierra y la estuve observando durante bastante rato. La verdad es que la recordaba mucho más grande, como si fuera un baúl, pero no era más que una caja de galletas y por tanto, tampoco podía ser muy grande.

Al abrirla encontramos todos los tesoros que había guardado cuando era pequeño. Allí estaba la bombilla, el espejo, el lápiz, las pinzas de tender, el monedero, la canica, el muñeco, el cuaderno, la radio… todos mis tesoros mágicos.

Se los enseñé a la abuela, pero todos aquellos tesoros habían dejado de funcionar. Ni uno solo de ellos había conservado su magia. Intenté colorear las letras del cuaderno, intenté mirar a través del espejo, escribí una mentira, no pude guardar un consejo en el monedero… no funcionaban. La rabia hizo que tirara todos aquellos trastos inútiles al suelo y me puse a llorar de rabia. La abuela me abrazó, me meció y me dijo que no me preocupara, que aquellos objetos habían cumplido su función en su momento y que si ahora habían dejado de funcionar era porque ya no me hacían falta, que gracias a ellos, había aprendido muchas cosas cuando era pequeño y que ahora era el momento de dejar que otros los encontraran y descubrieran su magia.

Así que eso hice. Recogí todos los tesoros y fui por toda la ciudad dejando cada uno de aquellos objetos en algún lugar. Ni muy escondido, ni muy a la vista, para que alguien que investigara un mínimo los encontrase. Los iba dejando cerca de lugares donde solían haber niños, en el patio de un colegio, cerca de la tienda de helados y la de golosinas, medio enterrado a los pies de un árbol en el parque…

Me sentía triste por haber perdido todos esos objetos que pensaba que me ayudarían tanto de nuevo, pero me sentí mejor al pensar que ahora servirían para que otro niño o niña descubriera cosas nuevas de la vida. Además, a mí ahora ya no me servirían para nada, porque había aprendido todo lo que esos objetos me tenían que enseñar.

Así que, si por casualidad estáis leyendo esto y habéis encontrado uno de mis tesoros, utilizadlos un tiempo, pero no os quedéis con ellos cuando ya no funcionen. Aunque seguro que cuando no funcionen pensaréis como yo y querréis compartirlos con otros como nosotros…

viernes, 15 de febrero de 2008

ordenando ideas azules

A veces tengo la sensación que los saltamontes azules siguen persiguiéndome. Y eso es porque estoy convencido que todavía no se han ido. Esta mañana me he despertado más temprano de lo normal y he ido a dar un paseo por la playa. Para ir a la playa no cojo el tranvía, porque me llevaría al centro de la ciudad y yo tengo que ir en dirección contraria. Tengo que atravesar el pequeño bosque que hay detrás de mi casa. Es un bosque encantado. Lo sé porque a veces, por las noches, se oyen ruidos muy extraños que no son de animales ni el viento.

Cuando estaba en el bosque de camino a la playa he oído detrás de mí el chirrido de un saltamontes. Me he sobresaltado a pesar que sé que en ese bosque viven un montón de saltamontes, pero no de los azules, que son los malos. Los saltamontes que hay en el bosque de detrás de mi casa son verdes, amarillos o incluso rojos, pero nunca azules. Me he girado para mirar, pero sólo he visto uno pequeño y amarillo, pero la cosa es que, al darme la vuelta para seguir mi camino, me ha parecido ver un pequeño destello azul. Así que no me he quedado del todo convencido.

El paseo por la playa me ha ido muy bien para ordenar muchas ideas que llevaban varios días golpeando las paredes de mi cabeza. A veces, cuando se me acumulan las ideas en la cabeza, no tengo tiempo para ordenarlas y entonces, cuando pasan varios días, empiezan a ponerse nerviosas y empiezan a ir de un lado a otro de la cabeza rebotando contra las paredes. Eso me provoca un dolor de cabeza muy fuerte y entonces me cuesta más poner orden, porque el dolor no me deja pensar correctamente. Por eso, cuando me levanto antes de lo normal aprovecho que las ideas están todavía dormidas y tranquilas y me voy a la playa y en silencio, poco a poco, para no despertar a las demás, las cojo y las voy poniendo cada una en su lugar. Y así, mi cabeza vuelve a tener paz.

Pero tengo una sensación que nunca sé donde colocar. No quiero colocarla en la caja donde tengo todas mis ideas, pensamientos y recuerdos de todo lo que me ha pasado con los saltamontes azules porque es una sensación que no me gusta y cuando pones una sensación así con recuerdos pasados puede hacer que esa sensación crezca y crezca y acaba haciéndose realidad. Cuando sientes que algo malo va a pasar, al final te obsesionas tanto, que pasa. Y tampoco quiero ponerla en ninguna otra caja, porque, para empezar, no debería estar ahí, y luego, corrompería todo lo que hubiera en esa caja.

Tengo que encontrar algo que me ayude a destruir esa sensación. Quizás si la metiera en una botella y la sellara y la lanzara al mar me desharía de ella. ¿Y qué pasa si alguien encuentra la botella y la abre? ¿Qué pasa si una ballena se traga la botella y la expulsa en su chorro de agua y se golpea contra una roca? Pues que volvería esa sensación. Así que sólo me queda una solución: tengo que destruirla. Pero ¿Cómo?

Buscaré algo que me ayude… Esta es la conclusión a la que he llegado esta mañana en la playa. Cuando ha empezado a amanecer he vuelto a casa, he desayunado, como siempre, mis panecillos con mermelada de arándanos, un poco de chocolate y el zumo, pero hoy no he tomado leche, porque no me apetecía. Además se me ha hecho un poco tarde y he tenido que salir corriendo y me he dejado la botella de la leche en la puerta. Tengo que llamar a Aurelia para que la recoja y la meta en la nevera. No quiero que se estropee.


el chico detrás de la cortina

lunes, 11 de febrero de 2008

11 de febrero de 2008

Buenos días,

Hoy es lunes 11 de febrero de 2008, son las 09.20, la 01.20 en Alberta.
Hoy no es que sea un día demasiado especial, pero como hace un montón de tiempo que no hago una efeméride, por falta de tiempo en el curro, hoy que voy bastante holgado la haré, y no quiere decir que lleve unos pantalones 4 tallas mayores que la mía habitual, si no que el viernes acabé el trabajo y me puedo permitir un pequeño descanso.

Después de tanto tiempo sin poner en práctica mis dotes líricas, siento que estoy un poco oxidado, pero intentaré darlo todo para que esta efeméride sea de lo más divertida.

Hoy es santa Lourdes, que no es hebreo, ni romano ni nada. Es Francés y hace referencia a Lorde, cuyo significado es “aquella que pertenece a Lourdes”. O sea, que toda mujer que se llame Lourdes es un bucle en si misma. Se pertenece a ella misma y ella, a ella misma y ella, a ella misma y ella, a ella misma... Son mujeres libres en si mismas. Una vez conocí a una Lourdes, era buena, pero era Lurdes, no Lourdes. Más tarde conocí a otra, era mala. Y ya sabéis lo que dicen: si quieres un milagro, vete a Lourdes. A mi me parece que aquello debe de ser un sitio realmente deprimente. No he estado nunca, pero solo pensar que tiene que ser una especie de Montserrat a lo grande, con todo de miembros protésicos en cada recodo del camino, ya me da no se qué y no me llama nada la atención. A no ser, que un día necesite una cadera, claro… aunque conociéndome, seguro que elijo la más anticuada y me chirría…
Mia Farrow se llamaba Maria de Lourdes Villiers-Farrow. Conocida por ser pareja de Woody Allen, el cual le arrebató a su hija adoptiva para tener relaciones con ella, la pobre no tuvo demasiad suerte. Por supuesto, ella le abandonó y se hizo embajadora de buena voluntad de UNICEF. Interesante elección.

¿Qué se celebra hoy? Pues, la verdad, no mucho…
En el 660 antes de Cristo hoy se fundaba Japón, ala, así como quien no quiere la cosa. Y míralos ahora, los japoneses… gente rara donde la haya, gente tecnológica, gente friki, pero entrañables al fin y al cabo. Y menos mal que están porque sin ellos, los videojuegos y los relojes de pulsera con lucecitas, entre otras cosas, no serían tanto.
En 1873, aquí en España se declara la I República con Estanislao Figueras como presidente. Duró un par de añitos, luego los Borbones retomaron las riendas del país y se pusieron a tener hijos, sobrinos, nietos… con los que repoblar el país si un día hubiera una explosión nuclear en España y a ellos les pillara de vacaciones en Suiza o Groenlandia.

Y, ¿quién cumple años hoy? Veamos…
¿Qué tal si empezamos con Thomas Edison? Eso si que es empezar con buen pie, verdad? Pues no, es decepcionante. Según él, era parcialmente sordo porque un empleado del ferrocarril le cogió de las orejas al intentar subirlo al vagón de un tren en movimiento cuando era pequeño. Imagínate, cuando eres un retaco que quieres subir a un tren y se pone en marcha y el revisor va y te agarra de las orejas “para ayudarte a subir”. No se pero yo me imagino al pobre chaval volando al lado del tren colgando del revisor por las orejas…
Se dice que fue el inventor de la bombilla, pero acabo de leer por ahí que es mentira, que simplemente la perfeccionó. No podemos fiarnos de nadie. Cuando somos jóvenes nos engañan y vivimos toda nuestra vida creyendo en algo, que un día descubres que es mentira. Pues ya no me parece tan interesante el tal Edison. Y encima estaba en lucha con los hermanos Lumière por la patente de la máquina de cine… que asco! Siempre luchas, guerras, intereses…

Vaya! Y parece que las onomásticas siguen con un montón de cantantes…
Antonio “Dos Gardenias” Machín, nuestro querido Joselito, con el que nos hemos reído mucho últimamente en Supervivientes, bueno, solo las dos semanas que estuvo, menos mal que tenemos a Karmele ahí dando guerra. Sigue ahí? Espero…
También tenemos a Tino Casal, Sheryl Crowd (que yo llamé una vez Cheli McCraun), Juan Aguirre (de Amaral), Craig Jones, Kelly Rowland (de las Destinys) y ya está.
Y Burt Reynolds y Jennifer Aniston, representando al mundo del cine. Jennifer, que en realidad se llama Jennifer Joanne Lynn Anastassakis. Nada más y nada menos. Cuanta pompa. Y se que la semana pasada hablé de su nombre con alguien, pero no puedo recordar con quien. Mala memoria…

Ya os dije que hoy no era un día demasiado interesante, en cuando a efemérides se refiere, pero necesitaba hacerla, así que esto es lo que hay. Otro día más y mejor.

Chistes!!!

¿Por qué los funcionarios son ateos?
-Porque no creen que después haya una vida mejor.

Un borracho llega a una tienda de licores y le dice al vendedor:
-Por favor una bebida de Shakira.
El señor le dice:
-¿De Shakira?
Y dice el borracho:
-Sí, de esas que dejan brutos, ciegos, sordos, mudos...


Malos, lo sé. Da igual. Como siempre me libro de toda responsabilidad de todo lo dicho recordando que todo esto es cierto si mis fuentes son ciertas.

Besos!!

lunes, 21 de enero de 2008

21 de enero de 2008

Buenos días,

Hoy es lunes 21 de enero de 2008. Son las 10:24, las 09:24 en Northampton y a pesar que tengo bastante trabajo, no tengo ganas de ponerme. Así que hoy toca efeméride.
Porque sí.
Porque lo digo yo.
Porque yo lo valgo.
Porque a mi me da la gana.
Así que si me queréis, irse!!!!
Es decir, no! Quedarse, que de eso se trata!!


De momento empezaré con una reflexión personal. Hoy he experimentado otro cambio en mi vida, una costumbre nueva de esas que estoy cogiendo últimamente por haber cambiado completamente de horario laboral. Y es que ahora… empiezo a odiar los lunes!!! Antes me encantaban, como no. Eran mi día de fiesta, iba a comprar con toda la tranquilidad del mundo, no había gente, ni prisas ni nada!!! Que maravilla! Ahora, como la mayoría de los mortales a los que siempre he oído decir que odian los lunes, empiezo a odiarlos!!! Es lo que tiene. En cambio, los domingos como el de ayer, me encantan!
Después de un sábado redondo que incluye: compras, niños, descubrimientos musicales, fílmicos y cafeteros, prisas, risas… pues te levantas a una hora moderada, que puedas dormir, pero que no se te peguen las sábanas, te bajas a desayunar al nuevo café que has descubierto al lado de casa, escuchando el nuevo grupo que has descubierto y luego todo el día viene rodado!!!!

Bueno, bueno, bueno… que me ando por las ramas y no hemos venido a eso, verdad?

Pues como iba diciendo hoy es lunes 21 de enero de 2008 y hoy es santa Inés.
Ah! Pero antes de seguir esta efeméride relatando la onomástica de hoy vamos a hacer una pequeña aclaración para nuestra amiga Eva, que en ocasiones mezcla realidad con ficción:

• Efeméride: Acontecimiento notable que se recuerda en cualquier aniversario de él.
• Onomástica: Perteneciente o relativo a los nombres, y especialmente a los nombres propios. Día en que se celebra el santo de una persona,
• Heráldica: Perteneciente o relativo a los blasones (escudos de armas de cada linaje, ciudad o persona)
• Esvástica: Cruz gamada.


Así que, a partir de ahora no confundamos términos. Es decir que esto es una efeméride que incluye una onomástica. Nada de heráldica ni esvástica ni nada raro… Prosigamos.

(Eva, cielo, ahora voy a hacer la onomástica)
Estaba diciendo que hoy es santa Inés, que es un precioso nombre femenino de origen griego “agné”, Agnes es su forma latina y su significado es “Aquella que es casta y pura” y lo siento mucho, pero también es aquella que tiene la cara llena de granos. Porque a mi, Agnés me recuerda a acné. Y punto. (negro). Santa Inés fue mártir a los 12 años por su virtud de castidad y fe en cristo. Ya me dirás tú… y luego dicen que los niños de hoy en día crecen muy deprisa. MENTIRA!!!! Pero si antes iban más rápido. Casta a los 12 años??? Parece que en aquella época era algo impensable! Cómo? Pues que entonces a los 12 años ya eras toda una señora!!! Y por lo menos tendría que estar ya a punto de preñarse, que si no se les pasaba el arroz, madre mía y eso sería una lacra para la familia!!!
Que no, leches!! Que las cosas no han cambiado tanto!!
Bueno, a todo esto Inés, allá por donde iba, levantaba pasiones y tenía varios pretendientes, a los cuales rechazó a todos, de muy buenas maneras, seguro, pero los rechazó, y fue denunciada por cristiana. La castigaron enviándola como prostituta a una casa de mal vivir. Eso si que eran castigos, leches!!! No como los de hoy en día!! A más de uno en vez de enviarle a la cárcel tendrían que meterle en una casa de putas y ponerles de clientes a lo peorcito de estos sitios. Ya verían si escarmentaban!!!

Respirad.

(Eva cariño, ahora voy a hacer la efeméride en sí)
¿Y qué celebramos hoy?
Pues hoy celebramos uno de esos acontecimientos que tanto nos gustan. Traición, crímenes, pasión… y un final explosivo: una decapitación! Sí, sí, sí, lo se, os encanta. Ni más ni menos que en un día como hoy de 1793 fue decapitado en la guillotina Luis XVI de Francia. Marido, ni más ni menos de María Antonieta, su reinado no fue precisamente un camino de rosas; la restauración de los parlamentos, reformas económicas liberales, la Revolución Francesa… al final cuando Luis y su familia intentaban huir a Bélgica, se encontró con una serie de “fallos en la planificación de la huida” que hicieron posible que los capturaran. De nuevo nos encontramos con otra historia de sucesos extraños y cosas que “accidentalmente” salen mal. De quien fue culpa esta vez? Quien había detrás de todo esto? No tengo ni idea, y la verdad, tampoco es que me importe mucho, total… un día como hoy la cabeza de Luis XVI salía rodando de la guillotina…

En 1977 Felipe, nuestro Felipe, se convierte en Príncipe de Asturias. Es curioso como en Wikipedia hay más sobre Letizia que sobre el propio Príncipe. Hasta aquí puedo leer.

Y no se porqué hoy es un día repleto de cumpleaños.
Sin ir más lejos, hoy cumplen años Benny Hill, cómico británico adorado por todos nosotros, Plácido Domingo, tenor de nuestros corazones, Billy Ocean, gran cantante para todos los tiempos, Geena Davis, pedazo de actriz, famosa por Stuart Little, claro… Julieta Serrano, chica Almodóvar, también tiene su sitio en un día como hoy.
Aunque todas estas celebridades quedan eclipsadas en el momento de saber que hoy sería el cumpleaños de Christian Dior, diseñador de moda entre diseñadores o de la grande, la grandísima Lola “tuloquequieresesquemecomaeltigre” Flores. Hoy Lola cumpliría años.
Que gran mujer, que voz, que carácter, que arte, que nivel, que hijas, por Dios, que feas!
Pero la gran artista que hoy cumple años y esperemos que por muchos más no es otra que la más grande de todas las chicas picantes que pudieran haber. Hoy es el cumpleaños de Emma Bunton!!! O sea, Baby Spice. 32 añitos. Si es que está hecha una pipiola!!!! Por eso era la más joven de las Spice, la más inocente, la más rubia!! Su carrera con las chicas picantes fue un éxito, era la más querida por todos. Pero su carrera en solitario fue aún mejor. ¿Quién no recuerda éxitos como Free Me, Maybe, Downtown…? Pues yo, la verdad!! No me suena ni una de sus canciones, por favor!!!

El 21 de enero de 1938 muere de un rápido y doloroso cáncer Georges Méliès, considerado como el padre del cine. Aprovecho esto para recomendaros el último libro que me he leído. “La invención de Hugo Cabret”. Un libro juvenil muy interesante. Lo mejor de todo, los trozos en que el texto deja paso a las ilustraciones que siguen explicando la historia de Hugo en los momentos más álgidos de la narración.

Y bueno, aquí termina mi efeméride de hoy. Os dejo con un pequeño chiste para animar la ardua jornada laboral:

Doctor, tengo paperas.
Bueno, toma 2 euros más y ya tienes pa plátanos.

Me libro de toda responsabilidad de todo lo dicho recordando que todo esto es cierto si mis fuentes son ciertas.

Sed malos… comed chocolate!

miércoles, 9 de enero de 2008

9 de enero de 2008

Buenos días, hoy es 9 de enero de 2008. Son las 10:03, las 15:03 en Bangladesh.
Esta es la primera efeméride del año. No se cómo ha estado el tema estos días. Cuando no he tenido trabajo los días no han sido propicios para las efemérides, y si algún día de los que he tenido trabajo lo ha sido no me he enterado…
Hoy es San Eulogio de Córdoba. Que nombre tan maravilloso!! Es un nombre de origen griego “Eu-logos” que significa “aquel que tiene un buen discurso” o “aquel que es un buen orador” desde luego este nombre bien podrían dárselo a la Patiño que no hay manera de hacerla callar. O al mismísimo Hugo Chávez… aunque a ese sí le hacen callar! Os imagináis al Rey de España (que por cierto el otro día cumplió 70 años, nada más y nada menos) haciendo callar a la Patiño? Sería estupendo!
San Eulogio nació en el año 800. Su familia seguía siendo católica, no como otras muchas familias, que habían perdido la fe por miedo al gobierno musulmán. Este señor viajó por distintas zonas de España recopilando manuscritos.
Era un tipo realmente molesto e incordiaba a los visires y al cadí y escribió obras contra el Islam durante su estancia en la cárcel (que ni mucho menos debió parecerse a la estancia en la cárcel de Paris Hilton también conocida como La Gran Desheredada).
También fue elegido obispo de Toledo en el 858 pero nunca llegó a tomar posesión. Fue decapitado.
Hoy voy a dedicar esta efeméride a los inventos y descubrimientos tecnológicos, mecánicos y demás.
Y es que hoy se celebran varios acontecimientos históricos como por ejemplo que en 1863 se inaugura el primer metro del mundo, en Londres, nada más y nada menos. El metro más utilizado es el de Tokio, con 2.800 millones de personas al año. Imaginaos, me dijo Kim que la gente en el metro de Japón iba con guantes porque al cabo del día de toda la cantidad de gente que pasa por ahí acaban las barandillas guarrísimas. Hombre, también los japoneses son un poco exagerados, no? Y yo aquí en Cornellà con una huelga indefinida de servicio de limpieza en el ayuntamiento. Menos mal que no tengo que entrar para nada ahí… menuda peste!!!!
En 1923 se realiza el primer vuelo del autogiro de Juan de la Cierva. Un autogiro es el aparetejo precursor del helicóptero. En 1954, IBM presenta en Nueva York la primera calculadora de circuitos integrados o cerebro electrónico. En el 1969 el Concorde hace su primer vuelo de prueba. En el 1988 los científicos del instituto Whitehead de Boston logran aislar el gen responsable del sexo humano, localizado en el cromosoma Y presente solamente en los hombres.
Tanto avance me nubla la cabeza!
Marco Polo, uno de los grandes exploradores del mundo, o un cuentista, según algunos afirman moría un día como hoy en 1324.
En 2004 EEUU declara oficialmente a Sadam Hussein prisionero de guerra.

Hoy cumple años Rigoberta Menchú, indígena guatemalteca y premio Nobel de la Paz y defensora de los derechos humanos. Una gran mujer con una infancia marcada por todo tipo de desgracias; pobreza, discriminación racial, represión, torturas…
Y también cumple años hoy, nuestro más aclamado matador de toros. Jesulín de Ubrique. El torero de las mujeres desde que concedió en 1995 una corrida exclusiva para mujeres.
A Jesulín le debemos tanto!!! Primero por esas magníficas corridas de toros de las cuales todos hemos disfrutado inmensamente viendo como el matador torturaba al desdichado toro de turno. Todas esas lágrimas rodando por nuestras mejillas cada vez que cortaba orejas y rabos no tienen precio.
Aunque lo más importante que ha hecho Jesulín de Ubrique por nosotros es casarse.
Su primera mujer, Belén Esteban, se hizo famosa al casarse con él. Pero luego ha sabido ganar un huequecito en el corazón de todos y cada uno de los españoles. Que gran mujer! Que trato hacia su hija! Que decoro! Que educación! Que estilo! Le debemos tanto a ella! Arriba la Esteban, Andreíta, cómete el pollo, me entiendes?
Podría seguir con Belén mucho más, pero hoy es el día de Jesulín…
Luego llegó la Campanario y con ella… la desidia. No me gusta nada esta chica. Es rancio, de poco abolengo, con mala leche, mal humor y malas pulgas. Nada que ver con la Esteban… así que, no quiero hablar de ella. Me cae mal.
No podemos olvidarnos tampoco del hit musical de Jesulín. Toa toa toa te necesito toaaaaaaaaaaa
Toda una declaración de amor! La Esteban debía estar TAN orgullosa!!!!

Y poco más por hoy, estoy haciendo pruebas en el trabajo y por cada prueba me tengo que esperar media horita para ver los resultados y mientras tanto no puedo hacer más que escribir efemérides, mirar correos y noticias extrañas como esta. Debería darles vergüenza, a ellos y a sus padres y familiares. Que les pillen a todos y cada uno de ellos. Malditos.

O esta. Me ha dado mucha pena, la verdad. Aunque sigue siendo una noticia extraña.

El chiste del día. Y hoy sólo pongo uno porque me parece lo más gracioso que he escuchado en mucho tiempo:

-Doctor, un ciego quiere verle.
-Dígale que yo no hago milagros.

Me libro de toda responsabilidad de todo lo dicho recordando que todo esto es cierto si mis fuentes son ciertas. Have a nice day!

jueves, 3 de enero de 2008

daños y perjuicios


Por fin he terminado de ver la serie que me ha tenido ansioso perdido toda la semana. Damages, la nueva serie de abogados protagonizada por Glenn Close me ha parecido una auténtica obra maestra.
Un guión espléndido, en el que cada detalle está cuidado y donde no te descubren nada hasta el momento adecuado.
Una interpretación espléndida, Glenn Close tiene 3 o 4 momentos clave que dejan sin respiración.
Una imagen espectacular, con los cambios de luz y calidad del pasado al presente.
La música fantástica también, acompañando los momentos clave de la serie.
Y bueno, podría seguir así mucho más, pero creo que lo mejor es que la veáis por vosotros mismos. De verdad, 100% recomendable.

detrás de la cortina

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