viernes, 15 de febrero de 2008

ordenando ideas azules

A veces tengo la sensación que los saltamontes azules siguen persiguiéndome. Y eso es porque estoy convencido que todavía no se han ido. Esta mañana me he despertado más temprano de lo normal y he ido a dar un paseo por la playa. Para ir a la playa no cojo el tranvía, porque me llevaría al centro de la ciudad y yo tengo que ir en dirección contraria. Tengo que atravesar el pequeño bosque que hay detrás de mi casa. Es un bosque encantado. Lo sé porque a veces, por las noches, se oyen ruidos muy extraños que no son de animales ni el viento.

Cuando estaba en el bosque de camino a la playa he oído detrás de mí el chirrido de un saltamontes. Me he sobresaltado a pesar que sé que en ese bosque viven un montón de saltamontes, pero no de los azules, que son los malos. Los saltamontes que hay en el bosque de detrás de mi casa son verdes, amarillos o incluso rojos, pero nunca azules. Me he girado para mirar, pero sólo he visto uno pequeño y amarillo, pero la cosa es que, al darme la vuelta para seguir mi camino, me ha parecido ver un pequeño destello azul. Así que no me he quedado del todo convencido.

El paseo por la playa me ha ido muy bien para ordenar muchas ideas que llevaban varios días golpeando las paredes de mi cabeza. A veces, cuando se me acumulan las ideas en la cabeza, no tengo tiempo para ordenarlas y entonces, cuando pasan varios días, empiezan a ponerse nerviosas y empiezan a ir de un lado a otro de la cabeza rebotando contra las paredes. Eso me provoca un dolor de cabeza muy fuerte y entonces me cuesta más poner orden, porque el dolor no me deja pensar correctamente. Por eso, cuando me levanto antes de lo normal aprovecho que las ideas están todavía dormidas y tranquilas y me voy a la playa y en silencio, poco a poco, para no despertar a las demás, las cojo y las voy poniendo cada una en su lugar. Y así, mi cabeza vuelve a tener paz.

Pero tengo una sensación que nunca sé donde colocar. No quiero colocarla en la caja donde tengo todas mis ideas, pensamientos y recuerdos de todo lo que me ha pasado con los saltamontes azules porque es una sensación que no me gusta y cuando pones una sensación así con recuerdos pasados puede hacer que esa sensación crezca y crezca y acaba haciéndose realidad. Cuando sientes que algo malo va a pasar, al final te obsesionas tanto, que pasa. Y tampoco quiero ponerla en ninguna otra caja, porque, para empezar, no debería estar ahí, y luego, corrompería todo lo que hubiera en esa caja.

Tengo que encontrar algo que me ayude a destruir esa sensación. Quizás si la metiera en una botella y la sellara y la lanzara al mar me desharía de ella. ¿Y qué pasa si alguien encuentra la botella y la abre? ¿Qué pasa si una ballena se traga la botella y la expulsa en su chorro de agua y se golpea contra una roca? Pues que volvería esa sensación. Así que sólo me queda una solución: tengo que destruirla. Pero ¿Cómo?

Buscaré algo que me ayude… Esta es la conclusión a la que he llegado esta mañana en la playa. Cuando ha empezado a amanecer he vuelto a casa, he desayunado, como siempre, mis panecillos con mermelada de arándanos, un poco de chocolate y el zumo, pero hoy no he tomado leche, porque no me apetecía. Además se me ha hecho un poco tarde y he tenido que salir corriendo y me he dejado la botella de la leche en la puerta. Tengo que llamar a Aurelia para que la recoja y la meta en la nevera. No quiero que se estropee.


el chico detrás de la cortina

1 comentario:

Anónimo dijo...

nene
ya sabes que en su día lloré con esos cuentos tuyos maravillosos

bonito cambio de look

mua!

rEd

detrás de la cortina

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