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fantasía

...y entonces un segundo viento tormentoso, más poderoso aún, agitó el libro y apagó todas las luces. El reloj de la torre dio las doce.

En su reloj eran las tres y veinte de la madrugada y su casa se hundía en penumbra, apenas iluminada por la pequeña lámpara de su mesita de noche. Había cogido el Libro. Sabía perfectamente por donde tenía que abrirlo. Quizás no era exactamente la mitad física del libro, pero sí era el principio de la segunda parte. Desde aquel punto, la historia cambiaba completamente. Todo empezaba de cero. En la Oscuridad. El protagonista pronto se daría cuenta que en la palma de su mano una semilla empezaría a brillar y después, a brotar.
Y allí, en esa semilla, volvería a empezar todo.
Ella había cogido ese libro que tantas veces había leído. Era, quizás, un acto de desesperación, pero quería volver a leerlo. Desde ese punto exacto. No quería lo anterior. Quería lo que venía a partir de ahí. No le apetecía revivir la historia hasta que la Oscuridad lo invadía todo.…

y después, el verano

Hoy hace justo un año que no publico nada en el blog. Demasiadas cosas han pasado desde entonces y demasiadas cosas se han quedado por contar.
Las personas somos curiosas. Poquito a poco retomamos viejas costumbres que teníamos olvidadas. Poquito a poco volvemos la vista hacia épocas pasadas intentando recordar quienes éramos, como éramos y por qué éramos. Y al hacer esta regresión nos damos cuenta de qué inútil puede llegar a ser. Nunca volvemos a ser la misma persona que fuimos, igual que un río nunca es el mismo a cada segundo que pasa. Crecemos, ganamos, perdemos, recordamos, olvidamos, vivimos, amamos, odiamos, jugamos, peleamos, reímos, lloramos... Somos personas diferentes a cada momento, a veces mejor, a veces peor. Diferentes.
Aunque nos cueste, a regañadientes, nos vemos forzados a cerrar etapas, a dejar ir sentimientos, a olvidar... Y un día, sin darnos cuenta, somos una persona totalmente diferente, llena de nuevos matices, de nuevos colores, con nuevos sueños y esperanzas…

la Maldición

El Vigía acababa de llegar al callejón. Era demasiado tarde para evitar que la Madre Rosario desatara, sin quererlo, la Maldición. Pero no era demasiado tarde para evitar que la plaga se extendiera.
Con un ligero pero amplio movimiento de sus brazos trazó un círculo en el aire. Alrededor de los damnificados se formó una especie de cúpula dorada que los rodeaba y contenía. Poco a poco, la cúpula fue estrechándose y apilando en su interior a los pobres desgraciados. Los gritos desgarradores se podían oír a kilómetros de distancia y con ellos, una sensación de desesperación que penetraba en cada rincón del alma de quien pudiera estar escuchando.
Un chispazo en el interior del semicírculo, indicó que había llegado el momento de actuar. Lanzando un rayo de plata a su interior, transformó a todos los aldeanos en una sola figura, la figura que estaba detrás del malvado plan.
Esperando ver un ángel de alas negras, un dragón o una serpiente, se sorprendió mirando frente a frente un niño pequeño d…

remolinos

El posadero apareció muerto 3 días después al final del oscuro callejón.
Su cuerpo estaba lleno de arañazos y magulladuras, su ropa, ensangrentada y su cara tenía una expresión de pánico. En medio de la frente tenía un agujero por donde todavía salía expulsado algún que otro borbotón de sangre. Sus ojos ya no eran marrones. Eran completamente negros. Sus cuencas daban la impresión de estar vacías. Y una mancha de sangre oscura se extendía a su alrededor.
A su lado el cuerpo de su mujer empuñando un cuchillo de cocina había quedado convertido en piedra. Su expresión era aún más terrorífica que la de su marido. Sus ojos, ahora de piedra, parecían llenos de terror.

La gente se arremolinaba en torno a la macabra figura. Sus caras reflejaban sentimientos de asco, terror, dolor… Entonces se escuchó una carcajada que se elevó por encima de todas las demás voces. Era una risa desagradable que helaba los huesos. Alguien estaba disfrutando con todo aquello. Descubrieron, al darse la vuelta y mirar…

de vuelta de todo?

Amigos de detrás de la cortina...

Hace mucho tiempo que, por razones ajenas a mi voluntad, no he tenido suficiente tiempo para escribir. Últimamente estoy encontrando más y más ratos para escribir. Poco a poco, la inspiración ha vuelto a guiar mis dedos sobre este teclado con el que os escribo ahora. El motivo de esta misiva es para recordaros que siempre hay alguien detrás de la cortina, aunque esté oculto, no se nos quiera mostrar o incluso, no pueda hacer.
Tal vez, un día, por el rabillo del ojo os parezca ver uno de esos pequeños saltamontes azules, un enanito rojo, unas escaleras de colores. Tal vez, en un momento de silencio percibáis el delicado canto de un petirrojo, el maullido asustado de un gato o el frufrú del hábito de una monja.
Ese día, acordaos del chico de detrás de la cortina. Habrá vuelto para retomar la historia en el punto en el que la dejó. El punto que marcó un inicio y un fin. Y es que amigos, cuando algo empieza, a la fuerza algo tiene que terminar.
Mientras tanto…

la piedra negra

El día siguiente empezó con una atmósfera bastante diferente. Era un día claro, vibrante, algo más cálido que los últimos días. En la posada, llena aquel martes de mercado, todo eran prisas. Los hospedados desayunaban rápidamente y salían del edificio con prisa hacia la plaza del mercado con intención de comprar alguno de los típicos cachivaches que sólo se vendían en aquella parte del país, pero al acercarse al mercado, se encontraban con algo diferente a lo que habían esperado. En el centro de la plaza, la multitud se concentraba alrededor de una pequeña piedra. Era negra y porosa y había caído hacía unos minutos directamente del cielo, justo en medio de la plaza. Todavía humeaba y nadie se atrevía a tocarla. La gente chismorreaba, preguntándose de dónde vendría y qué harían con ella. Elucubraban las teorías más disparatadas posibles y, aunque no fueran muy desencaminados, nadie sabría nunca de dónde había venido aquella piedra. En medio de aquel griterío apareció, corriendo y jadea…

aquellas minúsculas pastillas

susojossesecaránsuslabiosperderánelcolor
sucorazónseapagarásuolorseperderá
sucieloseteñirádenegrogiraráygiraráensuoscuridad
nopodrácorrer,perosívolarymientrasseeleve,
nopodrárecordartodolomaloestarábien
suslágrimasseránestrellas
sola